-No des a la enseñanza una forma que les obligue a aprender por la fuerza.
-¿Por qué?
-Porque no hay ninguna disciplina que deba aprender el hombre libre por medio de la esclavitud. El alma no conserva ningún conocimiento que haya entrado en ella por la fuerza.
-Cierto.
-No emplees, pues, la fuerza, mi buen amigo, para instruir a los niños; que se eduquen jugando, y así podrás también conocer mejor para qué está dotado cada uno de ellos.
(Platón)

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martes, 25 de enero de 2011

Cantidad y cualidad. De la naturaleza de las cosas (naturales)

¿Cuáles son las propiedades reales de las cosas naturales?

- Según Platón y sus seguidores, y Aristóteles y los suyos (o sea, prácticamente todo el mundo antes del siglo XVI, menos los atomistas como Epicuro) las cosas se definen por diversas propiedades o cualidades.

Por ejemplo, el Fuego se define por la Sequedad y el Calor, las plantas se definen por la cualidad vital, la Vida, y así con todo. Conocer las cosas (naturales) es conocer sus cualidades propias o “esencia”, o “forma sustancial” (como la llamaron los aristotélicos medievales). (Moliere, el comediógrafo, se burló de esto, diciendo que el opio dormía porque tiene la “virtus dormitiva”. ¡Así lo explicaban todo los retrasados medievales!).

No es raro que una ciencia así no de lugar a mucha tecnología ni comercio. ¿Por qué?
Porque no se puede medir, es decir, no se puede reducir a cantidad.
- Este va a ser el gran postulado de la ciencia moderna: todo se puede medir y pesar.

Galileo dice: “la Naturaleza es un libro escrito en caracteres matemáticos”.
Muchos se acordaron de Pitágoras, quien se puso de moda, por diferentes motivos, en esa época “renacentista”.

Este postulado es mucho más importante para la ciencia que el uso sistemático de la experimentación sensible. De hecho todos los experimentos están encaminados a comprobar si determinada fórmula cuantitativa (matemática) es la que subyace a los fenómenos aparentemente cualitativos. En verdad, el color, el olor, y todo eso, no existen, son percepciones subjetivas, cualidades secundarias. Las cosas, en sí mismas, deben ser sólo cierta cantidad de espacio y tiempo, y como mucho, energía.
El mundo es homogéneo. Sus partes deben ser iguales, o sea, átomos.
Desde entonces, la ciencia sueña con encontrar una única naturaleza para todos los átomos: porque sólo eso puede medirse completamente.

Si esto lo aplicamos a los seres vivos, resulta que son máquinas químicas muy complejas; si lo aplicamos a los seres humanos, al arte, a la política… ¿qué resulta?

¿Qué os parece cada una de esas formas de ver la naturaleza, la “cualitativista” (aristotélica) y la “cuantitativista” (moderna)? ¿Os parece más lógica una que otra?
¿Creéis que tienen que ver con las ideas que nos hacemos de nosotros mismos en otros campos de la actividad humana?

domingo, 8 de agosto de 2010

Al principio fue la Acción, del hombre corriente (Wittgenstein III)

Wittgenstein pasó unos años apartado de la filosofía, después de creer que había solucionado todos los problemas filosóficos con su primer libro, el Tractatus. Pero los problemas filosóficos volvieron a su cabeza, para torturarle, como él mismo confesaba, y le hicieron volver a dedicarse, con dolor, a pensar.
La filosofía es para Wittgenstein algo así como un mal que padecen (padecemos) algunos. Tenemos la “mala suerte” de plantearnos una y otra vez las mismas cuestiones, supuestamente importantísimas (más que las del común de los mortales, que viven como “soñando” –decían Platón, Heráclito y otros muchos filósofos-). Cuestiones como ¿qué sentido tiene la vida? ¿Cuál es el origen de Todo? ¿Qué es objetivamente bueno? ¿Qué podemos esperar tras la muerte?... La historia “demuestra” que esas preguntas no tienen respuesta. Si tipos tan sabios como Platón no han encontrado una respuesta convincente para todos, ¿quién podrá encontrarla?
(Por supuesto, estas preguntas no pueden ser respondidas por la ciencia. Aunque supiésemos, por ejemplo, la historia entera del universo, con la aparición en la tierra de la vida y luego del hombre, eso no respondería lo más mínimo al enigma del “sentido de la vida y del hombre”).

Pero, cree Wittgenstein, si algo es una verdadera pregunta, tiene que tener respuesta. Así que las preguntas filosóficas no es que sean difíciles, es que no son verdaderas preguntas. Sufrimos, al hacérnoslas, la ilusión de que son verdaderas preguntas. Lo que necesitamos los aficionados a la filosofía es, pues, una terapia, o sea, una serie de razonamientos que nos convenzan claramente de que las preguntas filosóficas no son preguntas auténticas, sino malentendidos que surgen de un uso incorrecto de las palabras. Wittgenstein no se propone resolver esas preguntas, sino disolverlas. Se trata, dice, de mostrarle la salida a la mosca que está atrapada en la botella y se empeña en salir atravesando el cristal (quizás porque, al ser trasparente, lo cree tras-pasable).

Y ¿en qué consiste esa ilusión que es la filosofía? En general, se trata de que el filósofo (o toda persona, en cuanto cae en hacerse preguntas filosóficas) saca las palabras de su uso cotidiano, “correcto”, y las lleva a un terreno donde no tienen validez o no pueden usarse.
Más en concreto, el principal error del filósofo es creer que sólo existe un uso de las palabras, y que ese uso es el de referirse a algo, a un concepto. Pero no todas las palabras, ni mucho menos, sirven para eso. Las palabras son como herramientas o instrumentos. Unas sirven para unas cosas y otras para otras. El significado “correcto” de una palabra es su uso (o usos) apropiados. Y muchas de ellas no sirven para referirse a algo, sino para otras funciones, como indicar, pedir, relacionar otras palabras, etc.

El filósofo (que es un personaje típicamente contemplativo y poco activo o pragmático) quiere obligar a todas las palabras a designar o representar algo. Así, coge palabras, como ‘yo’, ‘tiempo’, o ‘ser’, y les aplica la pregunta: ¿qué es…? ¿Qué es el Yo? ¿Qué es el Tiempo? ¿Qué es el Ser? No se da cuenta de que estas palabras no tienen ese uso de sustantivos, sino que sirven para otras cosas. Ni el Yo, ni el Tiempo ni el Ser son cosas.
Wittgenstein pensó que él mismo cometió ese error en su primer libro, al hacer afirmaciones como que la Lógica es la forma del Mundo, o que el Pensamiento figura al Mundo.

En realidad, no hay un único uso de las palabras, sino tantas como “formas de vida”. Hay múltiples “Juegos de lenguaje”, y cada uno tiene sus reglas. Y las reglas de uno no valen en otro.

Por ejemplo, es inútil criticar la religión desde la ciencia, porque cuando alguien dice que cree en Dios, no debería querer decir que cree en la existencia de un ente infinito y sobrenatural, sino que tiene una determinada visión (sagrada) de las cosas. Tanto se equivoca el creyente que intenta hacer pasar por conocimiento sus oraciones, como el científico que intenta desacreditar la fe desde la ciencia.
(Por desgracia, parece que el único juego al que no puede jugarse es al de la metafísica).

En resumen:
-las palabras reciben su significado del uso para el que están hechas. Es decir, la práctica vital es anterior, más básica, que la teoría.
-Hay múltiples “juegos de lenguaje”, porque hay múltiples modos de vida.
-Las preguntas filosóficas nacen del error de sacar a las palabras de su uso “cotidiano”, para meterlas todas en el molde de las preguntas metafísicas. La pregunta correcta no es “¿Qué es X?” sino “¿Cómo se usa esa palabra en su uso corriente?

Una vez que nos deshacemos de ese embrujo de las palabras, cree Wittgenstein, las preguntas filosóficas no nos molestan más, y podemos “descansar”, viviendo como hace la gente corriente.
Así, la filosofía de Wittgenstein, pretende tener un valor curativo, tranquilizador.
La “disolución” wittgensteiniana debería recordarnos, en parte, a la de Kant y a la de Nietzsche (también a las de Marx, Freud, y otros). Wittgenstein es un capítulo más en la historia moderna de acoso y derribo a la metafísica, es decir, al intento de conocer racionalmente el por qué de todo.

¿Realmente se acaban las preguntas, con el análisis del uso cotidiano o “corriente” de la palabra? ¿Por qué ese uso “corriente” iba a ser el único legítimo? ¿Por qué no podemos convertir al Tiempo, al Yo o a la Existencia en un sustantivo? ¿Tiene derecho Wittgenstein a creer que nos ha “curado”?

lunes, 10 de mayo de 2010

Lo moderno: la vejez de lo antiguo (Nietzsche V)

Alguno de vosotros podría pensar que lo que critica Nietzsche (la moral tradicional, la metafísica y la religión) son cosas, en verdad, del pasado, porque ya la edad moderna, que empezó hacia el siglo XV, ha ido poco a poco abandonando todo eso:

-la moral tradicional, basada en la autoridad absoluta de origen divino, se ha cambiado por morales como el Utilitarismo o la ética formal kantiana, que sitúan el valor de las cosas en el sujeto, en cada uno de nosotros, y no creen en bienes absolutos y trascendentes.

-Esto ha dado lugar, en política, al estado de ciudadanos, y luego a la democracia o a los movimientos socialistas.

-la metafísica va poco a poco agonizando ante el empuje imparable de la ciencia empírica o "positivista".

-la religión ha ido perdiendo adeptos y, creen muchos, se va convirtiendo casi en una simple formalidad o ritual.

Quien piense así es, según Nietzsche, un ingenuo. La modernidad no ha supuesto realmente un cambio en los valores y creencias fundamentales, sino, simplemente, un intento (inconsciente) de traer esos valores tradicionales a este mundo. Se trata sólo de una “secularización” (hacer inmanente lo que era trascendente, conservando su estructura de valores):

-las morales modernas, sean utilitaristas-hedonistas o sean éticas del deber, conservan el dogma fundamental de la moral platónico-cristiana: los valores están más allá de uno-aquí-y-ahora, son universales e iguales para todos. Son valores anti-vitales, tales como la Igualdad, la Paz… Sigue siendo “moral del rebaño”.

-La política moderna, con su creación de la democracia basada en la igualdad de los ciudadanos, sigue siendo, también, la política de la “rebelión de los esclavos”, la moral de los “pobres”, de los débiles. El socialismo es una especie de cristianismo “terrenizado”, que sueña con la utopía o ideal de la paz e igualdad de todos, cosa antinatural y antivital, porque lo vital es la guerra y la diferencia (la aristocracia).

“Creo que el gran movimiento que avanza incontenible, el movimiento democrático de Europa –eso que se llama “progreso”- lo mismo que ya su preparación y precursor moral, el cristianismo, sólo significa en el fondo la enorme e instintiva conjura global del rebaño contra todo lo que es pastor, animal depredador, eremita y César, a favor de la conservación y elevación de todos los débiles, abatidos, malparados, mediocres, medio malogrados, como una prolongada sublevación de esclavos (…)” (Fragmentos póstumos, 2 (13))

-La ciencia no ha acabado con la metafísica, sino que la ha absorbido y asimilado, porque la Ciencia es, en el fondo, la heredera de las creencias metafísicas: también el científico cree que la realidad es racional y que se guía por unas leyes eternas. Esta “creencia” es la misma que la antigua creencia en Dios, y tan infundada como ella (el científico no puede demostrar que el mundo tenga que regirse por leyes), pero disfrazada de una forma más modesta. El científico se basa, dice, en el método empírico, pero este método no nos permite asegurar nada, ninguna ley, ninguna sustancia, ninguna universalidad y necesidad.

-La religión tradicional, por tanto, sigue vigente, aunque se ha hecho más humilde en sus pretensiones de demostrarse. Se demuestra sólo por la fe, como decía Lutero, pero esta fe es firme.

Y donde se pierde esta fe en los valores tradicionales (y Nietzsche cree que se va perdiendo y no tiene más remedio que acabar perdiéndose) el hombre moderno cae en el Nihilismo negativo, o sea, en la creencia de que, muerto Dios, ya nada tiene ningún valor.

Así que la edad moderna es sólo la última etapa de la moral tradicional. En ella Dios ha muerto (ha perdido todo el crédito la creencia tradicional en valores trascendentes, en Dios, la inmortalidad personal, la finalidad de la vida humana…), pero eso sólo provoca una situación de total desánimo. Sigue habiendo el mismo rechazo al mundo de la vida, pero ahora ese odio y resentimiento no tiene siquiera el consuelo que se inventó y mantuvo durante siglos.
El hombre moderno debe ser superado. Hay que esperar al Ultrahombre (übermensch).

“Mi filosofía dará a muchos la justificación para suicidarse”