-No des a la enseñanza una forma que les obligue a aprender por la fuerza.
-¿Por qué?
-Porque no hay ninguna disciplina que deba aprender el hombre libre por medio de la esclavitud. El alma no conserva ningún conocimiento que haya entrado en ella por la fuerza.
-Cierto.
-No emplees, pues, la fuerza, mi buen amigo, para instruir a los niños; que se eduquen jugando, y así podrás también conocer mejor para qué está dotado cada uno de ellos.
(Platón)

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miércoles, 19 de septiembre de 2018

DIálogo en el origen de la filosofía (del mito y el logos)


Se dice que el nacimiento de la Filosofía en Grecia es el momento en que la humanidad, como si pasase de la infancia a la adolescencia, comienza a buscar explicaciones lo más puramente racionales y menos míticas posible acerca del origen, por qué y sentido de todas las cosas: ¿qué es real, auténticamente real (no aparente)?, ¿qué es bueno y justo?, ¿qué es bello?

Eso no significa que los humanos no se hicieron antes esas preguntas.  Pero, hasta que surgieron los filósofos griegos, las respuestas a todas esas preguntas eran más imaginativas (mágicas, zoomórficas, antropomórficas…) que racionales, más basadas en la autoridad que en la reflexión crítica, y más sometidas a intereses prácticos que sistemáticas. El filósofo griego se dio cuenta de que –como dice irónicamente Jenófanes de  Colofón- los tracios se figuraban a sus dioses, rubios y altos, como son ellos mismos, y los etíopes se los imaginaban negros: si los caballos imaginasen, se imaginarían a sus dioses como caballos. Figuramos a los dioses a nuestra imagen y semejanza. En Grecia, los llamados filósofos intentan comprender y conceptualizar a los "dioses" o a los principios, causas y elementos de la realidad.

¿Por qué ocurre esto en Grecia? Bien, podemos imaginar varias hipótesis: aparte de porque la humanidad, después de los grandes imperios anteriores, estaba ya “madura” para ello (los griegos tomaron todo el saber que pudieron de los egipcios y los persas), Grecia se vio favorecida por ciertas razones naturales: siendo un país lleno de islas y montañas, tuvo que organizarse en pequeños núcleos humanos muy independientes (más difíciles de controlar por un poder político y religioso muy jerárquico y centralizado) y a comerciar, mediante el mar, con otras civilizaciones: viajar y conocer otras culturas es, como se sabe, una buena manera de abrir la mente, pues compruebas que hay más de una manera de vivir. Conocer otras culturas te ayuda a pasar desde Zeus, Brahma o Ra a, por ejemplo, "la divinidad" o incluso el Principio o Esencia de todo. 


                          

                                                            ****

Os invito a leer un ficticio diálogo entre el primer filósofo, Tales de Mileto, y un escriba o sabio egipcio, con los que, cuenta la historia que Tales pasó un tiempo.


Tales.- Bien, querido maestro: ya he preparado mis cosas, dentro de un momento parto para Mileto.

Escriba.- Como quieras, no te insistiré más…

Tales.- Deseo repetirte mi enorme agradecimiento por haberme hecho partícipe de vuestra sabiduría. Los griegos, quiero creer, siempre seremos conscientes de la deuda que tenemos con vosotros, por vuestra sabiduría perenne, frente a nuestras siempre inestables dudas. Sois algo así como nuestro abuelo sabio.

Escriba.- Pero, escucha -¡voy a incumplir mi recién pronunciada palabra!-: ¿por qué, entonces, no te quedas aquí, compartiendo y acrecentando este saber? He conseguido la difícil autorización del Faraón… Serías un gran maestro, por tu penetración y tus moderadas necesidades. ¡A cuántos escribas egipcios, ignorantes y glotones, podrías servir de ejemplo!

Tales.- No tengo palabras para agradecer tu estima, que no merezco…

Escriba.- ¡Déjate de eso! ¿Qué te reclama en Grecia? Tú mismo nos has contado cómo allí los sabios tienen que buscar su supervivencia, entre la incomprensión y las burlas del pueblo, rebelde y desobediente, que cree que lo sabe todo. Incluso estáis perdiendo el sentido de lo divino y del poder, y cada vez más os gobiernan los comerciantes y los aduladores.

Tales.- Tienes razón. Con todo, maestro, prefiero volver a Mileto.

Escriba.- ¿Sabes? Creo que, por alguna extraña razón, no me explicas por qué…

Tales.- Aciertas. Y me doy cuenta de que, con eso, demuestro mi falta de agradecimiento y mi doblez griega… Así que, voy a decírtelo, aunque ello sea mi ruina.

Escriba.- Habla sin miedo.

Tales.- Maestro, creo que vuestra civilización, perfectamente organizada como un panal, con un rey que creéis nombrado por el Dios de la Luz universal, y repitiendo, año tras año, como las estaciones o el cielo, el mismo ritual, está, en verdad… muerta. Sois un pueblo inmóvil, como vuestros túmulos al faraón. En cambio, los griegos, como vosotros mismos reconocéis, somos jóvenes aún. Para alguien que está ansioso de conocimiento, es mucho más interesante un charco griego, tempestuoso de vida, que un enorme estanque calmo. Solo en el primero puede surgir nuevo pensamiento.

Escriba.- ¿Pensamiento y vida en el desorden? ¡Pensamiento y vida son orden, a imitación del Cielo!

Tales.- Quizá el pensamiento y la vida del Sol sean así, pero no las nuestras. Nuestro pensamiento, pienso yo –permíteme que ose decirte mi opinión- crece solo a partir de la pregunta, y nuestra vida, a partir de lo imprevisto. A vosotros no os quedan preguntas y os están prohibidas las verdaderas respuestas, porque vuestros mitos son incuestionables. Y, aunque encierran, seguramente, una gran sabiduría inconsciente, me resultan como… los cuentos de los niños. Los griegos, en cambio, parecemos destinados a pedir razones y a no aceptar autoridad. Y eso es precisamente lo más importante…

Escriba.- Explícate.

Tales.- Yo quiero investigar, por mí mismo, las razones de todas las cosas, las razones por sí mismas: no para mayor honra de los dioses o del rey, ni por temor a ellos, sino para honra de la propia razón y por temor solo a la ignorancia. No me malentiendas, no digo que no necesitemos a los demás. Pero nosotros dialogamos más en la plaza, como se hacen los contratos entre comerciantes, entre iguales (tienes razón, somos comerciantes…), no en la escuela, donde el maestro está elevado en su estrado. Los griegos no podríamos tolerar a un faraón, porque somos todos iguales.

Escriba.- ¿Con toda tu inteligencia no eres capaz de comprender que la igualdad de los hombres es una falsedad, promovida por los que quieren ganarse el apoyo, bestial e ignorante, de la masa, para sus intereses egoístas? ¿Crees que el valor se mide en el Mercado?

Tales.- Los hombres somos desiguales, sí, por naturaleza y por las circunstancias de la fortuna y la injusticia de la sociedad. Y, no, no se mide el valor en el Mercado. Pero esa desigualdad de los hombres debe ser combatida y puesta a prueba en el diálogo en igualdad, y el poder debe circular entre todos, como el dinero. Eso pienso, como ingenuo griego.

Escriba.- ¿Así que crees que los griegos sois superiores a nosotros, los egipcios, y a las otras civilizaciones perennes?

Tales.- Los griegos, en el fondo –te va a parecer absurdo-, solo creemos que somos superiores por una cosa: porque no creemos que haya ninguna civilización superior, y que el Logos es único en todos los hombres, y a él deben responder los dioses.

Escriba.- Tales, creo que, como dices, los griegos debéis de tener un destino nuevo, que nosotros no sabemos entender bien ni podríamos, quizá, soportar. Marcha, y ten toda la suerte y el amparo de los dioses.

Tales.- Gracias, maestro. Tendré siempre presente vuestra enseñanza.

¿Qué te sugiere este diálogo? ¿Significó para la humanidad un cambio, un progreso o un empobrecimiento, el nacimiento de la filosofía griega?

jueves, 21 de septiembre de 2017

Del nacimiento de la filosofía. Mito y Logos


Se dice que el nacimiento de la Filosofía en Grecia es el momento en que la humanidad, como si pasase de la infancia a la adolescencia, comienza a buscar explicaciones lo más puramente racionales y menos míticas posible acerca del origen, por qué y sentido de todas las cosas: ¿qué es real, auténticamente real (no aparente)?, ¿qué es bueno y justo?, ¿qué es bello?

Eso no significa que los humanos no se hicieron antes esas preguntas.  Pero, hasta que surgieron los filósofos griegos, las respuestas a todas esas preguntas eran más imaginativas (mágicas, zoomórficas, antropomórficas…) que racionales, más basadas en la autoridad que en la reflexión crítica, y más sometidas a intereses prácticos que sistemáticas. El filósofo griego se dio cuenta de que –como dice irónicamente Jenófanes de  Colofón- los tracios se figuraban a sus dioses, rubios y altos, como son ellos mismos, y los etíopes se los imaginaban negros: si los caballos imaginasen, se imaginarían a sus dioses como caballos. Figuramos a los dioses a nuestra imagen y semejanza. En Grecia, los llamados filósofos intentan comprender y conceptualizar a los "dioses" o a los principios, causas y elementos de la realidad.

¿Por qué ocurre esto en Grecia? Bien, podemos imaginar varias hipótesis: aparte de porque la humanidad, después de los grandes imperios anteriores, estaba ya “madura” para ello (los griegos tomaron todo el saber que pudieron de los egipcios y los persas), Grecia se vio favorecida por ciertas razones naturales: siendo un país lleno de islas y montañas, tuvo que organizarse en pequeños núcleos humanos muy independientes (más difíciles de controlar por un poder político y religioso muy jerárquico y centralizado) y a comerciar, mediante el mar, con otras civilizaciones: viajar y conocer otras culturas es, como se sabe, una buena manera de abrir la mente, pues compruebas que hay más de una manera de vivir. Conocer otras culturas te ayuda a pasar desde Zeus, Brahma o Ra a, por ejemplo, "la divinidad" o incluso el Principio o Esencia de todo. 


                          

                                                            ****

Os invito a leer un ficticio diálogo entre el primer filósofo, Tales de Mileto, y un escriba o sabio egipcio, con los que, cuenta la historia que Tales pasó un tiempo.


Tales.- Bien, querido maestro: ya he preparado mis cosas, dentro de un momento parto para Mileto.

Escriba.- Como quieras, no te insistiré más…

Tales.- Deseo repetirte mi enorme agradecimiento por haberme hecho partícipe de vuestra sabiduría. Los griegos, quiero creer, siempre seremos conscientes de la deuda que tenemos con vosotros, por vuestra sabiduría perenne, frente a nuestras siempre inestables dudas. Sois algo así como nuestro abuelo sabio.

Escriba.- Pero, escucha -¡voy a incumplir mi recién pronunciada palabra!-: ¿por qué, entonces, no te quedas aquí, compartiendo y acrecentando este saber? He conseguido la difícil autorización del Faraón… Serías un gran maestro, por tu penetración y tus moderadas necesidades. ¡A cuántos escribas egipcios, ignorantes y glotones, podrías servir de ejemplo!

Tales.- No tengo palabras para agradecer tu estima, que no merezco…

Escriba.- ¡Déjate de eso! ¿Qué te reclama en Grecia? Tú mismo nos has contado cómo allí los sabios tienen que buscar su supervivencia, entre la incomprensión y las burlas del pueblo, rebelde y desobediente, que cree que lo sabe todo. Incluso estáis perdiendo el sentido de lo divino y del poder, y cada vez más os gobiernan los comerciantes y los aduladores.

Tales.- Tienes razón. Con todo, maestro, prefiero volver a Mileto.

Escriba.- ¿Sabes? Creo que, por alguna extraña razón, no me explicas por qué…

Tales.- Aciertas. Y me doy cuenta de que, con eso, demuestro mi falta de agradecimiento y mi doblez griega… Así que, voy a decírtelo, aunque ello sea mi ruina.

Escriba.- Habla sin miedo.

Tales.- Maestro, creo que vuestra civilización, perfectamente organizada como un panal, con un rey que creéis nombrado por el Dios de la Luz universal, y repitiendo, año tras año, como las estaciones o el cielo, el mismo ritual, está, en verdad… muerta. Sois un pueblo inmóvil, como vuestros túmulos al faraón. En cambio, los griegos, como vosotros mismos reconocéis, somos jóvenes aún. Para alguien que está ansioso de conocimiento, es mucho más interesante un charco griego, tempestuoso de vida, que un enorme estanque calmo. Solo en el primero puede surgir nuevo pensamiento.

Escriba.- ¿Pensamiento y vida en el desorden? ¡Pensamiento y vida son orden, a imitación del Cielo!

Tales.- Quizá el pensamiento y la vida del Sol sean así, pero no las nuestras. Nuestro pensamiento, pienso yo –permíteme que ose decirte mi opinión- crece solo a partir de la pregunta, y nuestra vida, a partir de lo imprevisto. A vosotros no os quedan preguntas y os están prohibidas las verdaderas respuestas, porque vuestros mitos son incuestionables. Y, aunque encierran, seguramente, una gran sabiduría inconsciente, me resultan como… los cuentos de los niños. Los griegos, en cambio, parecemos destinados a pedir razones y a no aceptar autoridad. Y eso es precisamente lo más importante…

Escriba.- Explícate.

Tales.- Yo quiero investigar, por mí mismo, las razones de todas las cosas, las razones por sí mismas: no para mayor honra de los dioses o del rey, ni por temor a ellos, sino para honra de la propia razón y por temor solo a la ignorancia. No me malentiendas, no digo que no necesitemos a los demás. Pero nosotros dialogamos más en la plaza, como se hacen los contratos entre comerciantes, entre iguales (tienes razón, somos comerciantes…), no en la escuela, donde el maestro está elevado en su estrado. Los griegos no podríamos tolerar a un faraón, porque somos todos iguales.

Escriba.- ¿Con toda tu inteligencia no eres capaz de comprender que la igualdad de los hombres es una falsedad, promovida por los que quieren ganarse el apoyo, bestial e ignorante, de la masa, para sus intereses egoístas? ¿Crees que el valor se mide en el Mercado?

Tales.- Los hombres somos desiguales, sí, por naturaleza y por las circunstancias de la fortuna y la injusticia de la sociedad. Y, no, no se mide el valor en el Mercado. Pero esa desigualdad de los hombres debe ser combatida y puesta a prueba en el diálogo en igualdad, y el poder debe circular entre todos, como el dinero. Eso pienso, como ingenuo griego.

Escriba.- ¿Así que crees que los griegos sois superiores a nosotros, los egipcios, y a las otras civilizaciones perennes?

Tales.- Los griegos, en el fondo –te va a parecer absurdo-, solo creemos que somos superiores por una cosa: porque no creemos que haya ninguna civilización superior, y que el Logos es único en todos los hombres, y a él deben responder los dioses.

Escriba.- Tales, creo que, como dices, los griegos debéis de tener un destino nuevo, que nosotros no sabemos entender bien ni podríamos, quizá, soportar. Marcha, y ten toda la suerte y el amparo de los dioses.

Tales.- Gracias, maestro. Tendré siempre presente vuestra enseñanza.

¿Qué te sugiere este diálogo? ¿Significó para la humanidad un cambio, un progreso o un empobrecimiento, el nacimiento de la filosofía griega?

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Del nacimiento de la filosofía. Diálogo sobre mito y logos


Se dice que el nacimiento de la Filosofía en Grecia es el momento en que la humanidad, como si pasase de la infancia a la adolescencia, comienza a buscar explicaciones lo más puramente racionales y menos míticas posible acerca del origen, por qué y sentido de todas las cosas: ¿qué es real, auténticamente real (no aparente)?, ¿qué es bueno y justo?, ¿qué es bello?

Eso no significa que los humanos no se hicieron antes esas preguntas.  Pero, hasta que surgieron los filósofos griegos, las respuestas a todas esas preguntas eran más imaginativas (mágicas, zoomórficas, antropomórficas…) que racionales, más basadas en la autoridad que en la reflexión crítica, y más sometidas a intereses prácticos que sistemáticas. El filósofo griego se dio cuenta de que –como dice irónicamente Jenófanes de  Colofón- los tracios se figuraban a sus dioses, rubios y altos, como son ellos mismos, y los etíopes se los imaginaban negros: si los caballos imaginasen, se imaginarían a sus dioses como caballos. Figuramos a los dioses a nuestra imagen y semejanza. En Grecia, los llamados filósofos intentan comprender y conceptualizar a los "dioses" o a los principios, causas y elementos de la realidad.

¿Por qué ocurre esto en Grecia? Bien, podemos imaginar varias hipótesis: aparte de porque la humanidad, después de los grandes imperios anteriores, estaba ya “madura” para ello (los griegos tomaron todo el saber que pudieron de los egipcios y los persas), Grecia se vio favorecida por ciertas razones naturales: siendo un país lleno de islas y montañas, tuvo que organizarse en pequeños núcleos humanos muy independientes (más difíciles de controlar por un poder político y religioso muy jerárquico y centralizado) y a comerciar, mediante el mar, con otras civilizaciones: viajar y conocer otras culturas es, como se sabe, una buena manera de abrir la mente, pues compruebas que hay más de una manera de vivir. Conocer otras culturas te ayuda a pasar desde Zeus, Brahma o Ra a, por ejemplo, "la divinidad" o incluso el Principio o Esencia de todo. 


                          

                                                            ****

Os invito a leer un ficticio diálogo entre el primer filósofo, Tales de Mileto, y un escriba o sabio egipcio, con los que, cuenta la historia que Tales pasó un tiempo.


Tales.- Bien, querido maestro: ya he preparado mis cosas, dentro de un momento parto para Mileto.

Escriba.- Como quieras, no te insistiré más…

Tales.- Deseo repetirte mi enorme agradecimiento por haberme hecho partícipe de vuestra sabiduría. Los griegos, quiero creer, siempre seremos conscientes de la deuda que tenemos con vosotros, por vuestra sabiduría perenne, frente a nuestras siempre inestables dudas. Sois algo así como nuestro abuelo sabio.

Escriba.- Pero, escucha -¡voy a incumplir mi recién pronunciada palabra!-: ¿por qué, entonces, no te quedas aquí, compartiendo y acrecentando este saber? He conseguido la difícil autorización del Faraón… Serías un gran maestro, por tu penetración y tus moderadas necesidades. ¡A cuántos escribas egipcios, ignorantes y glotones, podrías servir de ejemplo!

Tales.- No tengo palabras para agradecer tu estima, que no merezco…

Escriba.- ¡Déjate de eso! ¿Qué te reclama en Grecia? Tú mismo nos has contado cómo allí los sabios tienen que buscar su supervivencia, entre la incomprensión y las burlas del pueblo, rebelde y desobediente, que cree que lo sabe todo. Incluso estáis perdiendo el sentido de lo divino y del poder, y cada vez más os gobiernan los comerciantes y los aduladores.

Tales.- Tienes razón. Con todo, maestro, prefiero volver a Mileto.

Escriba.- ¿Sabes? Creo que, por alguna extraña razón, no me explicas por qué…

Tales.- Aciertas. Y me doy cuenta de que, con eso, demuestro mi falta de agradecimiento y mi doblez griega… Así que, voy a decírtelo, aunque ello sea mi ruina.

Escriba.- Habla sin miedo.

Tales.- Maestro, creo que vuestra civilización, perfectamente organizada como un panal, con un rey que creéis nombrado por el Dios de la Luz universal, y repitiendo, año tras año, como las estaciones o el cielo, el mismo ritual, está, en verdad… muerta. Sois un pueblo inmóvil, como vuestros túmulos al faraón. En cambio, los griegos, como vosotros mismos reconocéis, somos jóvenes aún. Para alguien que está ansioso de conocimiento, es mucho más interesante un charco griego, tempestuoso de vida, que un enorme estanque calmo. Solo en el primero puede surgir nuevo pensamiento.

Escriba.- ¿Pensamiento y vida en el desorden? ¡Pensamiento y vida son orden, a imitación del Cielo!

Tales.- Quizá el pensamiento y la vida del Sol sean así, pero no las nuestras. Nuestro pensamiento, pienso yo –permíteme que ose decirte mi opinión- crece solo a partir de la pregunta, y nuestra vida, a partir de lo imprevisto. A vosotros no os quedan preguntas y os están prohibidas las verdaderas respuestas, porque vuestros mitos son incuestionables. Y, aunque encierran, seguramente, una gran sabiduría inconsciente, me resultan como… los cuentos de los niños. Los griegos, en cambio, parecemos destinados a pedir razones y a no aceptar autoridad. Y eso es precisamente lo más importante…

Escriba.- Explícate.

Tales.- Yo quiero investigar, por mí mismo, las razones de todas las cosas, las razones por sí mismas: no para mayor honra de los dioses o del rey, ni por temor a ellos, sino para honra de la propia razón y por temor solo a la ignorancia. No me malentiendas, no digo que no necesitemos a los demás. Pero nosotros dialogamos más en la plaza, como se hacen los contratos entre comerciantes, entre iguales (tienes razón, somos comerciantes…), no en la escuela, donde el maestro está elevado en su estrado. Los griegos no podríamos tolerar a un faraón, porque somos todos iguales.

Escriba.- ¿Con toda tu inteligencia no eres capaz de comprender que la igualdad de los hombres es una falsedad, promovida por los que quieren ganarse el apoyo, bestial e ignorante, de la masa, para sus intereses egoístas? ¿Crees que el valor se mide en el Mercado?

Tales.- Los hombres somos desiguales, sí, por naturaleza y por las circunstancias de la fortuna y la injusticia de la sociedad. Y, no, no se mide el valor en el Mercado. Pero esa desigualdad de los hombres debe ser combatida y puesta a prueba en el diálogo en igualdad, y el poder debe circular entre todos, como el dinero. Eso pienso, como ingenuo griego.

Escriba.- ¿Así que crees que los griegos sois superiores a nosotros, los egipcios, y a las otras civilizaciones perennes?

Tales.- Los griegos, en el fondo –te va a parecer absurdo-, solo creemos que somos superiores por una cosa: porque no creemos que haya ninguna civilización superior, y que el Logos es único en todos los hombres, y a él deben responder los dioses.

Escriba.- Tales, creo que, como dices, los griegos debéis de tener un destino nuevo, que nosotros no sabemos entender bien ni podríamos, quizá, soportar. Marcha, y ten toda la suerte y el amparo de los dioses.

Tales.- Gracias, maestro. Tendré siempre presente vuestra enseñanza.

¿Qué te sugiere este diálogo? ¿Significó para la humanidad un cambio, un progreso o un empobrecimiento, el nacimiento de la filosofía griega?

viernes, 12 de septiembre de 2014

¿Fluido universal o números eternos? (Diálogo entre un milesio y un pitagórico)


Diálogo entre dos amigos de la ciudad de Mileto, uno de ellos recién llegado de Sicilia, donde ha conocido a la escuela de Pitágoras (los llamaremos M y P)


M.- ¡Querido amigo, bienvenido!, ¡dame un abrazo! En cuanto he sabido que has vuelto, he venido al puerto a buscarte. ¿Nos harás el favor de comer hoy con nosotros?

P.- ¡Encantado! Eso sí, tengo que advertirte que ya hace tiempo que no como carne.

M.- Ciertamente, te veo algo más magro, aunque de aspecto sano y sereno. Pero, dime, ¿¡tan mala era la carne en tierras itálicas!?

P.- ¡Ellos presumen de tener mejores reses que aquí en el Asia Menor!

M.- Eso he oído, sí…

P.- Pero en Sicilia he conocido a una sociedad de amigos filósofos que me ha enseñado, entre otras cosas, que todas las almas son hermanas y transmigran de cuerpo a cuerpo: ¡quizás el cordero que asas es un familiar tuyo, o podrías ser tú mismo, en otro momento o lugar!

M.- ¡Curiosa creencia, que, según tengo entendido, también sostienen los lejanos santones de la India! ¿Recuerdas que nuestro viejo maestro, Tales, decía que todo está lleno de principio vital? Pero él nos convenció de que lo que llamamos nacimiento y muerte es una manera humana de hablar, y que, en realidad, todo son transformaciones de la misma cosa, el fluido primigenio. De allí salimos y allí volvemos, pagando nuestro precio por la injusticia de haber querido ser seres separados, como poéticamente lo expresó nuestro otro sabio conciudadano, Anaximandro.

P.- Precisamente de eso me gustaría dialogar contigo. Lo que he escuchado en aquella escuela que te digo, fundada por un tal Pitágoras (al parecer, un hombre muy superior a todos, una especie de encarnación de Apolo, si haces caso a sus discípulos, que siguen una forma de vida muy escrupulosa), me ha hecho pensar más profundamente en todo eso.

M.- ¡Excelente! ¿Me lo cuentas ya, mientras caminamos a casa?

P.- Desde luego. Vamos a ver: nosotros siempre hemos pensado eso que decías: que el cosmos todo es transformación de una única sustancia.

M.- Así es, una verdad indudable.

P.- Seguramente. Y, como decíamos a menudo, nuestra tarea es, en cuanto al conocimiento, conocer con la mayor precisión esas transformaciones, y, en cuanto a los actos, dejar de temer a la muerte y vivir lo más de acuerdo posible con la naturaleza, con amistad, alegría y sensatez.

M.- Exacto.

P.- Sin embargo, a veces nos hemos preguntado por qué la sustancia primitiva se transforma, en esto o en lo otro, por qué no es siempre uniforme, o al menos caótica. Yo no conocí a Tales, pero lo que le escuché a los que sí hablaron con él, no me resultó claro como… el agua, digamos.

M.- Bueno, a mí no me parece oscuro reconocer que la sustancia primigenia tiene en sí misma un principio de vitalidad y creatividad, que, en su dinamismo, produce todas las cosas.

P.- A mí, en cambio, me parece que, aunque los consideres ya mezclados, son dos cosas: la masa o materia con la que se hace todo, y las formas mismas que adopta esa masa en cada momento. ¿No las puedo separar, al menos con el pensamiento: por ejemplo, la forma de planta y esta planta de ahí?

M.- Puedes. ¿Qué ocurre con eso?

P.- Algunos de entre nosotros decían que el propio Tales habría hablado de que una Inteligencia universal dividía el agua. Y esto mismo, por cierto, se dice en algunos mitos de tierras orientales, por ejemplo entre los fenicios, según creo.

M.- Lo había oído, sí. Pero ¿qué necesidad hay de sutilizar acerca de si se pueden separar las formas? ¿No basta con entender que están dentro de la sustancia primitiva y única?

P.- ¿No piensas que es muy importante, incluso para comprender qué somos nosotros, los mortales, saber si las formas y las mentes son o no separables del fluido?

M.- Puede ser.

P.- La razón que tenía yo para no estar satisfecho, y que con el tiempo he comprendido mejor, es que las formas no se transforman, ellas mismas, sino que son eternas. Y no puedo entender, entonces, que existan realmente solo en la masa primigenia, pues en ese caso cambiarían con los cambios de esta. Pero no: son ellas las que, sin cambiar, dan forma aquí o allí a las cosas que vemos. La forma Tres, por ejemplo, no se transforma, ni nace ni muere, sino que es siempre la misma, y da forma a todos los cuerpos que tienen algo ternario (por ejemplo, a la letra delta, D). Así que más bien habría que decir que existen por una lado las formas y, por otro, la sustancia amorfa, el Agua, o lo indefinido, como lo llamaba Anaximandro (aunque él creía que eso es el todo y lo divino mismo), y que de la mezcla de ambas, se produce lo que vemos. Como si hubiera arcilla por un lado (el Agua), y un alfarero por otro (la Inteligencia), que da forma a aquel barro para hacer las diferentes cosas.

M.- Bella explicación. Ahora bien, se me ocurre preguntarte: ¿cómo puede algo como las formas, que –según te entiendo- no son corpóreas, causar algo sobre la sustancia natural, para producir todo esto que vemos y tocamos?

P.- Exactamente, esa es la pregunta. Pues verás, aquí es donde realmente empieza la enseñanza de la escuela de los pitagóricos: según ellos, en verdad no existe otra cosa que formas. Más en concreto: Números; todo es número. No me extraña que pongas esa cara de sorpresa: es lo mismo que me ocurrió a mí las mil primeras veces que lo escuché (si es que estoy ya libre de que me ocurra…)

M.- Explícamelo mejor, por favor.

P.- Escucha: supongo que crees, con los físicos en general, que, en realidad, los colores, los olores, los sonidos… no son tal como los percibimos; es más, que no existen: en un análisis más cuidadoso, son movimientos de elementos más simples, y, en el fondo, del Agua misma, que ya no tiene olor ni sonido ni color alguno.

M.- Sí, eso creo.

P.- Pues bien, da un paso más y piensa que todo lo que llamamos cuerpos y naturalezas, incluida el Agua, son, en realidad, puras formas o números, percibidos inadecuadamente por nuestra alma…

M.- … que también es un número, supongo…

P.- Supones perfectamente. Estos pitagóricos dicen que en todo hay diferentes números, y que el Cosmos es una gran y perfecta Armonía. El Uno o Mónada creen que es algo así como el Padre de todas las cosas. El Dos, o Díada, lo identifican como la Materia…

M.- Claro, porque es divisible en partes iguales.

P.- Así es. Pero fíjate en que la Materia misma, el Dos, es solo un número, no lo que nuestra imaginación cree. Y consideran que los números primos son los que tienen más papel de forma, y que, en su combinación con los pares, permiten explicar todas las cosas. De modo que, por decirlo así, le han dado la vuelta a la tortilla que hicieron nuestros maestros jonios: si ellos, con Tales a la cabeza, pensaron que todo es transformación de una misma sustancia o materia, estos, itálicos (aunque oriundos de la isla Samos), dicen que no hay transformación de materia alguna, sino solo formas, que crean la ilusión de materia y cambio para nuestras mentes cuando se fían de su parte inferior, es decir, según ellos, la imaginación.

M.- ¡Increíble! Tendré que pensarlo detenidamente. Veo que tu estancia en Sicilia no ha sido en vano…

P.- Pues he aquí lo mejor que creo haber aprendido de ellos, y por lo que no me avergüenzo de llamarme pitagórico: es verdad que nacimiento y muerte son una ilusión de la ignorancia humana, pero no porque seamos caducas transformaciones del Agua, como yo creía antes, sino porque somos inmortales formas que se manifiestan en muchos lugares y tiempos sin dejar de ser la misma. Y nuestra tarea en esta vida es purificarnos mediante el conocimiento de los números y de nuestra propia esencia, que es también una armonía y música, semejante a la del cosmos. Todos somos formas dentro de la gran forma total y una. Por eso debemos respetar las otras formas de vida, porque mi alma es la que alguna vez estuvo en ese cordero que ponemos a asar.

M.- ¡Escucha esto: me has aguado la fiesta que te tenía preparada, y me dará hasta pudor morder la pierna achicharrada del cordero (o a su número, si prefieres) delante de ti...! Solo te lo perdono porque a cambio me has traído de Italia ideas sustanciosas para masticar y roer. ¿Al menos aceptarás un buen vino que llegó hace poco del Ática, o tampoco eso está permitido a un ser puro como tú?

P.-¡ Yo soy un modesto principiante! Compartiré contigo esa mezcla de agua y luz que te han traído unos amigos.


¿Qué te parece? ¿Es la realidad un cúmulo de transformaciones de una informe sustancia primigenia, o es un orden de formas eternas? ¿Es aceptable pensar que todo es, en el fondo, Número? 

Hay un físico actual, Max Tegmark, que defiende precisamente que todo el universo es un objeto matemático, que la propia naturaleza es un producto de las matemáticas. Puedes seguir indagando sobre Tegmark y su alucinante pitagorismo, que defiende que hay múltiples universos, aquí. y aquí

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Tales de Mileto: la fuente primigenia y los espíritus de las cosas

¿Cuál es el principio de todo, de todas las cosas? No me refiero al principio de los seres humanos, o de los seres vivos, o del sistema solar, o del universo; tampoco me refiero al principio en el sentido de cuándo, en qué momento empezó todo. Sino cuál es el principio, origen, causa, razón… de que existan todas las cosas, en vez de nada.

El principio de todas las cosas podría ser o bien nada (o, por decirlo como si fuera un personaje, la Nada), o bien Algo.
¿Puede la Nada ser el principio de Todo? Eso a muchos hombres, incluidos los filósofos en su mayoría, les resulta absurdo: ¿podría algo salir de nada? Es más, ¿puede siquiera “haber nada” o concebirse la Nada? Parece que siempre tenemos que concebir algo, existiendo ya por muy "atrás" que vayamos buscando el origen de las cosas.

Es “obvio” que nosotros, tú y yo, la mesa, el pájaro que canta en ese árbol…, los que no somos Todo, los seres limitados, los “mortales”…, nacemos y morimos, es decir, pasamos, cada uno, a ser algo desde no ser nada, y pasamos a dejar de ser algo, a ser nada.

Pero eso no puede afectarle al Todo. Lo que pasa es que nosotros, al nacer y morir, somos transformaciones de lo mismo, de una cosa única que es todas las cosas en el fondo.

Esa sustancia única que se transforma en todas sin ser ninguna de ellas (que “ni se crea ni se destruye, solo se transforma”, como dice el primer principio de la Termodinámica), es una especie de fluido universal y vital, del que todos nosotros, tú y yo, la mesa, ese pájaro que canta en ese árbol, somos partes, partes que nacen y mueren, para volver a lo que ni nace ni muere.

 “Aquello a partir de lo cual existen todas las cosas, lo primero a partir de lo cual se generan y el término en que se corrompen, permaneciendo la sustancia mientras cambian los accidentes, dicen que es el elemento y principio de las cosas que existen. (…) No todos dicen lo mismo sobre el número y la especie de tal principio, sino que Tales, quien inició semejante filosofía, sostiene que es el agua”. (Aristóteles Met. I, 983b)
El psicólogo, antropólogo y crítico René Girard ha observado que los seres humanos tenemos una gran necesidad de interpretar el desorden de los mitos desde el punto de vista del orden:
(...) “Constantemente mejoramos la mitología en el sentido de que cada vez la despojamos más del desorden.” Uno de los modos en que la temprana filosofía griega mejoró la idea mítica del desorden fue inyectándole una actitud científica. Tales, Anaximandro y Anaxágoras entendían que una energía específica (agua o aire) había estado en flujo caótico y que a partir de esa sustancia se habían plasmado las diversas formas del universo. Eventualmente, pensaban estos protocientíficos el orden se disolvería y regresaría al flujo cósmico y luego aparecería un nuevo universo. [J. Briggs y F. D. Peat. El espejo turbulento]
  
¿Crees que esto es una buena idea?
¿Cómo puede argumentarse o demostrarse?
¿Qué le falta, si le falta algo, para explicar el origen de toda la realidad?
¿Para qué sirve?



                                                      
                                                 ****

¿Por qué cada cosa es como es y se mueve como se mueve? ¿Hay algo completamente inerte e inconsciente en el universo, o todo está animado por un principio propio, más o menos “despierto”, que es algo así como su “alma”? Tales defendió la idea de que en cada parte del universo, en cada ser, por pequeño e inconsciente que parezca, hay un espíritu (demon), que es su principio de movimiento y de vida. Incluso las piedras lo tienen -pensaba Tales- como puede comprobarse con los imanes.

“Algunos dicen que el alma está mezclada en el todo, de ahí también quizá que Tales haya pensado que todo está lleno de dioses” (Aristóteles, Del alma, I, 5 411a Gredos)
Tales no ha sido el único que ha tenido esa concepción "panzoista" (todo está vivo) e incluso "pampsiquista" (todo tiene mente o alma). Como ejemplo de filósofo pampsiquista reciente, os copio un fragmento de un libro de David Chalmers, uno de los principales filósofos vivos en el terreno de la Filosofía de la Mente:
"No parece haber muchas razones para dudar que los perros sean conscientes, o aun los ratones. Algunas personas lo pusieron en duda, pero creo que esto se debe frecuentemente a una confusión de la conciencia fenoménica con la autoconciencia. Los ratones podrían no tener un gran sentido de sí mismos y podrían no ser propensos a la introspección, pero parece totalmente plausible que hay algo que es como ser un ratón. (...) A medida que nos movemos hacia abajo en la escala desde los peces y las babosas, a través de redes neuronales simples, hasta los termostatos, ¿dónde debería extinguirse la conciencia? Es probable que la fenomenología de los peces y las babosas no sea primitiva sino relativamente compleja, y refleje las diferentes distinciones que estos seres pueden hacer. Antes de que la fenomenología desaparezca del todo podemos suponer que llegaremos a algún tipo de fenomenología máximamente simple, (...) algo como un termostato. (...) Alguien que encuentre que es “descabellado” suponer que un termostato pueda tener experiencias al menos nos debe una explicación de por qué lo es". [D. Chalmers, La Mente Consciente, 8, 4 Gedisa]

¿Qué crees: está todo animado, o esto es simple pensamiento “mágico”?


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martes, 24 de septiembre de 2013

Tales de Mileto

¿Cuál es el principio de todo, de todas las cosas? No el principio de los seres humanos, o de los seres vivos, o del sistema solar, o del universo si es que hay o puede haber otros universos o “realidades”; tampoco el principio en el sentido de cuándo, en qué momento empezó todo. Sino cuál es el principio, origen, causa, razón… de que existan todas las cosas.

El principio de todas las cosas podría ser 
  • o bien nada (o, por decirlo como si fuera un personaje, la Nada),
  • o bien Algo (¿o incluso Todo?).

¿Puede la Nada ser el principio de Algo y de Todo? Eso a muchos hombres, incluidos los filósofos en su mayoría (aunque esto no es un asunto a votar, al parecer), les resulta absurdo: ¿podría el algo salir de nada? Es más, ¿puede siquiera “haber nada” o concebirse la Nada? Parece que siempre tenemos que concebir algo, y que no puede (no) haber nada.

Es “obvio” que nosotros, tú y yo, la mesa, el pájaro que canta en ese árbol…, los que no somos Todo, los seres limitados, los “mortales”…, nacemos y morimos, es decir, pasamos, cada uno, a ser algo desde no ser nada, y pasamos a dejar de ser algo, a ser nada.

Pero eso no puede afectarle al Todo. Lo que pasa es que nosotros, al nacer y morir, somos transformaciones de lo mismo, de una cosa única que es todas las cosas en el fondo.

Esa sustancia única que se transforma en todas sin ser ninguna de ellas (que “ni se crea ni se destruye, solo se transforma”, como dice el primer principio de la Termodinámica), es una especie de fluido universal y vital, del que todos nosotros, tú y yo, la mesa, ese pájaro que canta en ese árbol, somos partes, partes que nacen y mueren, para volver a lo que ni nace ni muere.

 “Aquello a partir de lo cual existen todas las cosas, lo primero a partir de lo cual se generan y el término en que se corrompen, permaneciendo la sustancia mientras cambian los accidentes, dicen que es el elemento y principio de las cosas que existen. (…) No todos dicen lo mismo sobre el número y la especie de tal principio, sino que Tales, quien inició semejante filosofía, sostiene que es el agua”. (Aristóteles Met. I, 983b)

El psicólogo, antropólogo y crítico René Girard ha observado que los seres humanos tenemos una gran necesidad de interpretar el desorden de los mitos desde el punto de vista del orden. (...) “Constantemente mejoramos la mitología en el sentido de que cada vez la despojamos más del desorden.” Uno de los modos en que la temprana filosofía griega mejoró la idea mítica del desorden fue inyectándole una actitud científica. Tales, Anaximandro y Anaxágoras entendían que una energía específica (agua o aire) había estado en flujo caótico y que a partir de esa sustancia se habían plasmado las diversas formas del universo. Eventualmente, pensaban estos protocientíficos el orden se disolvería y regresaría al flujo cósmico y luego aparecería un nuevo universo. [J. Briggs y F. D. Peat. El espejo turbulento]
  
¿Crees que esto es una buena idea?
¿Cómo puede argumentarse o demostrarse?
¿Qué le falta, si le falta algo, para explicar el origen de toda la realidad?
¿Para qué sirve?



                                                       

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¿Por qué cada cosa es como es y se mueve como se mueve? ¿Hay algo completamente inerte e inconsciente en el universo, o todo está animado por un principio propio, más o menos “despierto”, que es algo así como su “alma”?

“Algunos dicen que el alma está mezclada en el todo, de ahí también quizá que Tales haya pensado que todo está lleno de dioses” (Aristóteles, Del alma, I, 5 411a Gredos)

No parece haber muchas razones para dudar que los perros sean conscientes, o aun los ratones. Algunas personas lo pusieron en duda, pero creo que esto se debe frecuentemente a una confusión de la conciencia fenoménica con la autoconciencia. Los ratones podrían no tener un gran sentido de sí mismos y podrían no ser propensos a la introspección, pero parece totalmente plausible que hay algo que es como ser un ratón. (...) A medida que nos movemos hacia abajo en la escala desde los peces y las babosas, a través de redes neuronales simples, hasta los termostatos, ¿dónde debería extinguirse la conciencia? Es probable que la fenomenología de los peces y las babosas no sea primitiva sino relativamente compleja, y refleje las diferentes distinciones que estos seres pueden hacer. Antes de que la fenomenología desaparezca del todo podemos suponer que llegaremos a algún tipo de fenomenología máximamente simple, (...) algo como un termostato. (...) Alguien que encuentre que es “descabellado” suponer que un termostato pueda tener experiencias al menos nos debe una explicación de por qué lo es. [D. Chalmers, La Mente Consciente, 8, 4 Gedisa]

¿Qué crees: está todo animado, o esto es simple pensamiento “mágico”?


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lunes, 24 de septiembre de 2012

Tales de Mileto, el primer filósofo


“Tales de Mileto ha dicho que el Agua es el Principio”.

Esto es lo que nos cuentan de Tales, el que pasa por ser el primer filósofo. ¿Qué quería decir con eso?

Para empezar, se trata de Todo, de todas las cosas. Existen muchas cosas (son múltiples, dicho en filosófico), pero todas forman parte o son aspectos del mismo mundo o cosmos. Lo Múltiple tiene que proceder de lo Uno, al menos eso nos pide nuestra razón. Por muy diferentes que sean en otros sentidos todas las cosas tienen que ser iguales en algo, algo que las haga a todas ser cosas del mismo y único mundo.

¿Qué es eso, esa “sustancia” única de la que está hecho todo? Esto es lo que parece que se preguntó Tales.

Podríamos comparar esa idea con lo que, en la física actual, llamamos Energía. Según se dice, la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Adopta diferentes estados, cada cosa es un estado de la energía, y toda cosa se transforma en otros estados de la energía. Pero ¿qué es, en sí misma, esa energía, que no es ninguno de sus estados, ni la luz, ni la masa, ni esto ni lo otro?

Otra forma de interpretar a Tales es, como hizo Aristóteles, desde el concepto de Materia. Todo está hecho de algo, y todas las cosas tienen que estar hechas de la misma materia prima. También se puede decir, de forma más abstracta, que lo que buscaba Tales es qué es el Ser en general, la naturaleza única de todos los seres.

                                                            * * *

Y dijo que esa naturaleza única, de la que todas las cosas están hechas y de la que surgen, para retornar a ella con el tiempo, es Agua. ¿Por qué?

Buscando analogías con la ciencia, se ha dicho que, en efecto, el elemento más común en el universo es el hidrógeno, que es las dos terceras partes del agua. Aristóteles supuso que lo que inspiró esa idea a Tales fue ver que toda vida necesita del agua.

El agua tiene algunas propiedades que la convierten en candidata para ser una sustancia primigenia: es homogénea, o sea, no tiene partes (visibles), es continua, es fuente de vida…

Muchos mitos ya habían colocado el Agua en el principio de las cosas.

                                                               * * *

Pero la siguiente cuestión que uno se puede plantear es:
Si todo procede de una misma sustancia o naturaleza única, ¿qué es lo que ha dado lugar a que esa materia se divida en tantos seres y tan diferentes? ¿Puede ser el propio Agua, que tenga en sí misma ese movimiento, o hace falta algo exterior que haga las cosas a partir del Agua?



Sobre qué dijo Tales de esto hay dudas. Aristóteles le reprocha no explicar cómo salen las cosas a partir de esa materia indefinida que es el agua. Pero, según cuenta otro escritor (Cicerón), Tales dijo también que hay un principio divino, la Inteligencia, que ha creado todas las formas y dividido a la materia o sustancia primigenia.

Es posible que pensase así, porque se le atribuye haber dicho, también, que

todo está a la vez animado y lleno de espíritus. La Humedad elemental es penetrada por el poder divino, que la pone en movimiento.

¿Qué opinas sobre estas teorías? ¿Te parecen muy extrañas, o te resultan lógicas y, hasta cierto punto, convincentes?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Tales de Mileto


“Tales de Mileto ha dicho que el Agua es el Principio”.

Esto es lo que nos cuentan de Tales, el que pasa por ser el primer filósofo. ¿Qué quería decir con eso?


Para empezar, se trata de Todo, de todas las cosas. Existen muchas cosas (son múltiples, dicho en filosófico), pero todas forman parte o son aspectos del mismo mundo o cosmos. Lo Múltiple tiene que proceder de lo Uno, al menos eso nos pide nuestra razón. Por muy diferentes que sean en otros sentidos todas las cosas tienen que ser iguales en algo, algo que las haga a todas ser cosas del mismo y único mundo.

¿Qué es eso, esa “sustancia” única de la que está hecho todo? Esto es lo que parece que se preguntó Tales.

Podríamos comparar esa idea con lo que, en la física actual, llamamos Energía. Según se dice, la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Adopta diferentes estados, cada cosa es un estado de la energía, y toda cosa se transforma en otros estados de la energía. Pero ¿qué es, en sí misma, esa energía, que no es ninguno de sus estados, ni la luz, ni la masa, ni esto ni lo otro?

Otra forma de interpretar a Tales es, como hizo Aristóteles, desde el concepto de Materia. Todo está hecho de algo, y todas las cosas tienen que estar hechas de la misma materia prima. También se puede decir, de forma más abstracta, que lo que buscaba Tales es qué es el Ser en general, la naturaleza única de todos los seres.

* * *

Y dijo que esa naturaleza única, de la que todas las cosas están hechas y de la que surgen, para retornar a ella con el tiempo, es Agua. ¿Por qué?


Buscando analogías con la ciencia, se ha dicho que, en efecto, el elemento más común en el universo es el hidrógeno, que es las dos terceras partes del agua. Aristóteles supuso que lo que inspiró esa idea a Tales fue ver que toda vida necesita del agua.

El agua tiene algunas propiedades que la convierten en candidata para ser una sustancia primigenia: es homogénea, o sea, no tiene partes (visibles), es continua, es fuente de vida…

Muchos mitos ya habían colocado el Agua en el principio de las cosas.

* * *

Pero la siguiente cuestión que uno se puede plantear es:
Si todo procede de una misma sustancia o naturaleza única, ¿qué es lo que ha dado lugar a que esa materia se divida en tantos seres y tan diferentes? ¿Puede ser el propio Agua, que tenga en sí misma ese movimiento, o hace falta algo exterior que haga las cosas a partir del Agua?



Sobre qué dijo Tales de esto hay dudas. Aristóteles le reprocha no explicar cómo salen las cosas a partir de esa materia indefinida que es el agua. Pero, según cuenta otro escritor (Cicerón), Tales dijo también que hay un principio divino, la Inteligencia, que ha creado todas las formas y dividido a la materia o sustancia primigenia.

Es posible que pensase así, porque se le atribuye haber dicho, también, que

todo está a la vez animado y lleno de espíritus. La Humedad elemental es penetrada por el poder divino, que la pone en movimiento.


¿Qué opinas sobre estas teorías? ¿Te parecen muy extrañas, o te resultan lógicas y, hasta cierto punto, convincentes?

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Tales y Anaximandro de Mileto: Todo e Infinito

La de hoy ha sido una de esas clases, alucinantes, en que la gente vive la experiencia del pensamiento, la filosofía en estado puro, o casi puro. (Este tipo de clase son, por supuesto, negativas, porque te olvidas del temario, de la evaluación, de la selectividad…Además, hacen menos llevaderas luego las clases que no consiguen ser tan auténticas).
Empezamos recordando a Tales de Mileto, el primer filósofo, según la “historia”. Tales había dicho, según se cuenta, que todas las cosas proceden del Agua, o que son, en el fondo, agua. Esto podríamos entenderlo como que todas las cosas tienen que ser, en el fondo, diferentes formas de una Sustancia única (quizás comparable a lo que los físicos llaman energía –todas las cosas son diferentes estados de la energía-, o lo que antes se llamaba materia). Parece lógico que todo proceda de cierta unidad, ¿no? Lo múltiple tiene que “venir después” de lo uno, y todo lo múltiple, por muy diferente que sean unas cosas de otras, tiene que tener algo en común, para ser parte de la misma realidad. Algunos mitos antiguos ya ponían en el principio de todo, el Agua.
Pero, aunque sea lógico que todo venga de uno, es también ilógico, porque, como se preguntará después Aristóteles, ¿de dónde han salido entonces las múltiples y diferentes cosas que vemos, si todas son una sustancia única? Por eso algunos testimonios dicen que Tales también habría pensado, como luego dijo otro filósofo llamado Anaxágoras, que es la Mente (no la tuya o la mía, sino una Mente Universal) la que divide la materia primigenia o agua. (Como si dijésemos hoy que lo que hace que la energía se distribuya de diferentes formas en el universo son las Leyes –la Mente- que rige el universo). Y también decía Tales que hay mente o espíritus en todo, en toda la naturaleza: todo tiene su propia fuerza y ley.

Pero después vino Anaximandro, conciudadano y al parecer discípulo de Tales, y dijo que el principio de todas las cosas es lo Infinito o Indefinido (a-peiron, en griego), y afirmó (y este es el primer texto literal de la historia de la filosofía):

Allí de donde salen todas las cosas, allí vuelven cuando mueren, por necesidad: y es que se dan una a otra justa retribución por su injusticia, según el orden del tiempo.

¿Qué quiere decir Anaximandro?
Parece que sustituye el Agua de su maestro Tales por lo Infinito o lo Indefinido. ¿Qué ganamos con eso? Parece que es más lógico que la sustancia única que subyace a todos los estados de la naturaleza sea totalmente indeterminada, o indefinida, ¿no?
Vale, pero vuelve a planteársenos el mismo problema: si en esencia y origen todo es ese uno infinito, ¿cómo puede de ello nacer lo múltiple? ¿Cómo puede la unidad dividirse, si no estaba ya dividida en sí misma?
Fijaos en que Anaximandro considera una “injusticia” salir de esa unidad primigenia, o sea, nacer. El castigo justo es la muerte. Como dijo el poeta Calderón:

El delito mayor
del hombre es haber nacido

Por otra parte, ¿qué es eso del Infinito? ¿Entendemos realmente lo infinito? Los matemáticos lo manejan a diario pero ¿lo entienden? Eso es mucho decir. Se podría decir, parafraseando a Russell, que cuando hago matemáticas, tengo la sensación de que mi lápiz sabe más que yo…
¿No es verdad que somos seres finitos, limitados, tanto en el tiempo como en nuestra capacidad de pensar? Pero, entonces, ¿cómo podemos comprender lo infinito? Aída dijo que comprendemos primero lo finito y, por comparación, lo infinito. Aunque se podría decir, más bien, que si no comprendemos lo ilimitado no comprenderemos lo limitado. Pero, empecemos por el concepto que empecemos, al fin y al cabo el caso es que parecemos capaces de comprender lo infinito. ¿Cómo puede ser? Muchos “vimos” en ese momento que, realmente, nuestra capacidad racional tiene que ser infinita, aunque no la utilicemos nunca al cien por cien.
Ahora bien, desde luego, el infinito es muy raro. Resulta que la mitad de infinito es infinito; andes lo que andes en el infinito, estás a la misma distancia, o sea, como si estuvieses parado…

Por cierto, es evidente que esto no son cuestiones científicas (¿son supra- o sub- científicas…?): aunque los cosmólogos hablan de Todo el universo, y dicen que fuera de este universo infinito pero limitado no hay nada, ni espacio ni tiempo, porque el espacio y el tiempo son cualidades de dentro del universo, eso no eliimina la cuestión de qué es lo que limita a todo lo físico.

En lo que parece que tienen razón los cosmólogos es que, lo que haya “fuera” limitando al universo, no puede ser espacial. El infinito no puede ser espacial, porque daría lugar a los absurdos de que cualquier parte es tan grande como el todo, cualquier distancia es la misma, etc. Lo infinito no es ni grande ni pequeño.
¿Será que lo infinito es in-espacial, inextenso? ¿Nos estará queriendo decir, Anaximandro, que todo el universo, toda la naturaleza, procede de, y vuelve a, algo que no ocupa ningún lugar, que es inextenso, como un punto?

Eso, desde luego, no se puede imaginar. Pero, dice Farra, se puede pensar. ¿Así que no es lo mismo lo imaginable que lo pensable? Ahora caemos en la cuenta de que no se puede imaginar el punto matemático (en el que se intersectan dos rectas, por ejemplo), porque carece de extensión. Si fuese extenso, sería divisible, sería una superficie, y ya contendría infinitos puntos. Tampoco se puede imaginar una línea, porque, matemáticamente hablando, un línea no tiene grosor. Ni se puede imaginar una superficie bidimensional, sin ninguna profundidad…
Pero ¿qué se puede imaginar? Si lo piensas un poco, realmente nada se puede imaginar. No se puede imaginar el amor, ni la justicia, ni el tres, ni el triángulo (ningún triángulo pintado en la pizarra es realmente triangular).
Así que el infinito no es tan excepcional. Es la naturaleza real y original de todas las cosas, pero no se lo puede imaginar ni apenas concebir. Parece al mismo tiempo una idea imprescindible y contradictoria. O sea, es una idea filosófica, no hay duda.

De todas formas, sigue vivo el mismo problema: ¿cómo es que de ese uno infinito que es el origen de todo, surgen seres que, como las olas en el mar, viven un tiempo para retornar al morir allí de donde no debieron salir nunca…?
Cuando ha sonado el timbre, marcando el límite del tiempo, la clase nos había parecido (al menos a mí) infinita e instantánea a la vez.

¿Qué piensas tú, del Infinito?

martes, 22 de septiembre de 2009

Tales de Mileto


“Tales de Mileto ha dicho que el Agua es el Principio”.

Esto es lo que nos cuentan de Tales, el que pasa por ser el primer filósofo. ¿Qué quería decir con eso?


Para empezar, se trata de Todo, de todas las cosas. Existen muchas cosas (son múltiples, dicho en filosófico), pero todas forman parte o son aspectos del mismo mundo o cosmos. Lo Múltiple tiene que proceder de lo Uno, al menos eso nos pide nuestra razón. Por muy diferentes que sean en otros sentidos todas las cosas tienen que ser iguales en algo, algo que las haga a todas ser cosas del mismo y único mundo.

¿Qué es eso, esa “sustancia” única de la que está hecho todo? Esto es lo que parece que se preguntó Tales.

Podríamos comparar esa idea con lo que, en la física actual, llamamos Energía. Según se dice, la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Adopta diferentes estados, cada cosa es un estado de la energía, y toda cosa se transforma en otros estados de la energía. Pero ¿qué es, en sí misma, esa energía, que no es ninguno de sus estados, ni la luz, ni la masa, ni esto ni lo otro?

Otra forma de interpretar a Tales es, como hizo Aristóteles, desde el concepto de Materia. Todo está hecho de algo, y todas las cosas tienen que estar hechas de la misma materia prima. También se puede decir, de forma más abstracta, que lo que buscaba Tales es qué es el Ser en general, la naturaleza única de todos los seres.

* * *

Y dijo que esa naturaleza única, de la que todas las cosas están hechas y de la que surgen, para retornar a ella con el tiempo, es Agua. ¿Por qué?

Buscando analogías con la ciencia, se ha dicho que, en efecto, el elemento más común en el universo es el hidrógeno, que es las dos terceras partes del agua. Aristóteles supuso que lo que inspiró esa idea a Tales fue ver que toda vida necesita del agua.

El agua tiene algunas propiedades que la convierten en candidata para ser una sustancia primigenia: es homogénea, o sea, no tiene partes (visibles), es continua, es fuente de vida…

Muchos mitos ya habían colocado el Agua en el principio de las cosas.

* * *

Pero la siguiente cuestión que uno se puede plantear es:
Si todo procede de una misma sustancia o naturaleza única, ¿qué es lo que ha dado lugar a que esa materia se divida en tantos seres y tan diferentes? ¿Puede ser el propio Agua, que tenga en sí misma ese movimiento, o hace falta algo exterior que haga las cosas a partir del Agua?



Sobre qué dijo Tales de esto hay dudas. Aristóteles le reprocha no explicar cómo salen las cosas a partir de esa materia indefinida que es el agua. Pero, según cuenta otro escritor (Cicerón), Tales dijo también que hay un principio divino, la Inteligencia, que ha creado todas las formas y dividido a la materia o sustancia primigenia.

Es posible que pensase así, porque se le atribuye haber dicho, también, que

todo está a la vez animado y lleno de espíritus. La Humedad elemental es penetrada por el poder divino, que la pone en movimiento.

¿Qué opinas sobre estas teorías? ¿Te parecen muy extrañas, o te resultan lógicas y, hasta cierto punto, convincentes?