-No des a la enseñanza una forma que les obligue a aprender por la fuerza.
-¿Por qué?
-Porque no hay ninguna disciplina que deba aprender el hombre libre por medio de la esclavitud. El alma no conserva ningún conocimiento que haya entrado en ella por la fuerza.
-Cierto.
-No emplees, pues, la fuerza, mi buen amigo, para instruir a los niños; que se eduquen jugando, y así podrás también conocer mejor para qué está dotado cada uno de ellos.
(Platón)

domingo, 15 de mayo de 2011

Nietzsche, el arte y la ciencia (Nietzsche IV) (Reedición)

La relación que el pensamiento de Nietzsche guarda con el Arte y con la Ciencia es, como en general el pensamiento de Nietzsche, ambiguo, ambivalente, “contradictorio”, positivo y crítico a la vez.


Nietzsche y la Ciencia

-Por un lado Nietzsche alabó el trabajo metódico y honesto de la ciencia (él mismo era de formación académica científica –filólogo-, no filosófica). La ciencia, además, según creía Nietzsche, ha destruido o, al menos, hecho inverosímiles e inservibles todas las teorías metafísicas: la existencia del alma, de finalidades e intenciones en la naturaleza, de la libertad, de Dios… Según la cosmovisión mecanicista, el mundo se explica materialmente y de manera determinista e inconsciente, sin fines ni libertad.
Además, Nietzsche buscó a menudo apoyo en la ciencia a algunas de sus intuiciones filosóficas, por ejemplo a la del eterno retorno, o a la de la voluntad de poder en la naturaleza.

-Sin embargo, en otro aspecto, Nietzsche ve en la ciencia el mismo error de fondo que en la metafísica: la creencia en leyes universales, como si el mundo estuviese hecho por una razón providencial. Aunque el científico no sea consciente, está suponiendo la existencia de Dios.
Además, los conceptos científicos, tales como átomo, fuerza, etc, son conceptos antropomórficos, metafísicos, inobservables, que el científico introduce para poder reducir y hacer cognoscible la naturaleza, pero conceptos que, por ser estáticos e inamovibles, destruyen aquello que intentan conocer.
La ciencia es inconsciente de sus supuestos metafísicos. El filósofo (nietzscheano) no se sentirá atado por los resultados de la ciencia, porque estos no son más que una interpretación, cargada de supuestos metafísicos inconscientes.

El átomo, por ejemplo, no es más que una antropomorfización: la idea de su sujeto, de yo, trasladada a la naturaleza.


Nietzsche rechazó, también, la teoría darwinista, considerándola una simple interpretación “inglesa” de la vida. La vida, según Nietzsche, no se limita a buscar la supervivencia, sino el exceso, el poder. Sacrifica muchos individuos para conseguir un solo individuo excepcional. Así deberíamos hacer los hombres.



Nietzsche y el arte

Todavía más paradójica es la actitud de Nietzsche hacia el arte.
Nietzsche mismo, como su antípoda Platón, fue un artista, y hubiera pasado seguramente a la historia de la literatura aunque no hubiese pasado a la de la filosofía. Para Platón, el arte servía como expresión humana de lo que no puede expresarse. Pero, a la vez, el arte estaba alejado (“tres grados”) de la realidad, que es puramente racional.
Por supuesto, esta no es la concepción de Nietzsche.
¿Cómo veía Nietzsche el arte?

-Por una parte, el artista es creador de mundos. A veces Nietzsche lo opone al científico, que se limitaría a usar mecánicamente conceptos creados por otros. Todos los conceptos fueron, en origen, metáforas, que se han ido consolidando en una sociedad. Así que el científico sólo aparece cuando el artista ha creado ya el concepto.
Si no es mediante el lenguaje racional como podemos llegar a la “esencia” de la vida, a lo vital, puede ser el artista, que no se siente sujeto a la verdad, quien use el lenguaje verdaderamente creativo.

-Pero, por otra parte, el artista puede ser también quien escapa del mundo, porque no le gusta, y crea paraísos artificiales. En este sentido, el artista estaría muy próximo a la religión. Esto se aplica bien a los artistas “románticos”, pero también se podría decir de la idealización clásica.



Nietzsche y Wagner

Como en los otros ámbitos (la religión, la moral…), todo depende de qué intente crear el artista, si es una visión vital y feliz, o, al contrario, una visión débil y amarga de la realidad. El modelo artístico de Nietzsche era un arte trágico afirmativo, que él creía encontrar en la tragedia griega anterior a Eurípides. En ella el artista afirmaba el dolor y el caos, aunque sujetándose voluntariamente a las normas y las medidas apolíneas.
¿Es Nietzsche un romántico, o un clásico? Él creía tener un estilo equilibrado, no sentimental o romántico. Pero basta leer su Así habló Zaratustra para comprobar que no tiene nada que ver con un arte medido y clásico.

Nietzsche, que era músico, conoció de joven al gran compositor Richard Wagner, y entabló buena amistad con él (y con su mujer, Cósima Wagner). Al principio Nietzsche vio en Wagner el recuperador de una visión heroica y trágica, anticristiana.

Pero, con el tiempo, fue viendo que Wagner no compartía su odio al cristianismo y su vitalismo radical. Nietzsche llegó a convertirse en “enemigo” (espiritual) de Wagner, y a considerarlo como un nuevo artista que odia la vida, y lo expresa con una música melancólica y apasionada. Nietzsche dice preferir la música francesa, más alegre y ligera, más “vitalista”.
No dejó Nietzsche de reconocer la belleza de la música wagneriana. De los últimos compases del preludio de su ópera Parsifal, dijo Nietzsche que eran los compases de una belleza más triste que había oído jamás.

"Preludio de Pársifal, el mayor bien que se me ha hecho desde hace mucho tiempo [...]. Ningún pintor ha pintado una visión tan indescrptiblemente melancólica y tierna como Wagner [...]  Como si después de muchos años por fin alguien me hablara de los problemas que me preocupan, naturalmente no con la respuesta que tengo preparada para ellos [...]" (Notas póstumas)

Os sugiero que os sentéis, cerréis los ojos, y escuchéis este Preludio de Parsifal de Wagner (lamentablemente, está dividido en dos vídeos. Si queréis oír sólo los compases más conmovedores, a juicio de Nietzsche -y mío-, escuchad el segundo vídeo, y en particular los últimos compases -unos dos minutos-).
Después podéis escuchar (tercer vído) una composición del propio Nietzsche, sobre un poema de su amiga Lou Andreas Salomé, joven e inteligentísima muchacha de la que estuvo enamorado (en un amor romántico y con final no-"feliz")





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